Vía Natural

lunes, 16 de septiembre de 2013

Acónito

Aconitum napellus L. (Ranunculáceas).
OTROS NOMBRES COMUNES: Acónito común, naeplo, matalobos, alva lupina, anapelo.
Partes de la planta de uso médico: los tubérculos radiculares jóvenes del año y también la parte aérea de la planta durante la floración.
Denominación   farmacológica:    Tubérculos = Tubera (Tuber) Aconiti,  acónito =  Herba Aconiti.

DESCRIPCIÓN DE LA PLANTA: El acónito es una planta vivaz con raíces parecidas a nabos en las que cada año surge un nuevo tubérculo, mientras que muere el del anterior. De esta raíz surge un tallo que alcanza una altura de hasta 120 cm (150) y que llevan hojas muy divididas de 5 a 7 folíolos. Las flores en forma de casco y de color azul intenso se disponen pecioladas en largas inflorescencias con aspecto de espiga en el ápice de la planta.

ÉPOCA DE FLORACIÓN: de junio a septiembre.

PRESENCIA: en las montañas de todo Centroeu-ropa, pero especialmente en los pasto húmedos de alta montaña con un contenido elevado en sustancias nutrientes, en donde el acónito suele crecer masivamente. Quiero advertir que la planta es muy tóxica y que nadie debe utilizarla sin control médico, debiéndose prevenir a los niños contra ella. Si un niño lleva en la mano húmeda un tubérculo durante mucho tiempo pueden produdirse intoxicaciones. El acónito es una de las plantas más venenosas que hay entre nosotros.

Sustancias activas: Varios alcaloides (aconi-tina, efedrina), taninos.



Acción curativa y uso: En dosis farmacéuticas el acónito actúa a través del sistema nervioso sobre casi todo el organismo. En un primer plano se sitúa la acción analgésica en las neuralgias, ciática y también gota. Es notable su efecto contra la fiebre y la influencia favorable que ejerce sobre los resfriados (en especial los catarros bronquiales y los constipados). Internamente como tintura o bien como linimento líquido o en pomada los preparados de acónito los prescriben a veces los médicos para mitigar los dolores. Queda excluido el autotratamiento salvo de preparaciones homeopáticas.


 
Utilización en homeopatía: El homeopático «Aconitum» se prepara con la planta en flor. Se utiliza el producto a partir de la cuarta potencia (D4) en los enfriamientos que van acompañados de fiebre, contra la gripe, las neuralgias, la ciática y otros estados patológicos. Incluso en determinadas dolencias cardíacas se administra el producto. Cuando comienza el enfriamiento, a los primeros estornudos, si se toma «Aconitum» en la potencia D4 en una cantidad que oscile entre 5 y 10 gotas de 3 a 5 veces diarias, suele evitarse una posterior infección gripal. El acónito como remedio casero: En la antigüedad el acónito se le conocía más como planta venenosa que medicinal. Se emponzoñaban con él las puntas de las flechas y de las lanzas, así como las espadas. Plinio informa solamente sobre la utilización en oftalmías. También la medicina de la Edad Media se mantuvo recelosa. Solamente después de que la homeopatía se ocupara de ella pasó a formar parte también de la medicina popular. 
Su aplicación se extiende principalmente a ios enfriamientos, dolores, reuma, gota, insomnio, inflamaciones del aparato digestivo y de las vías respiratorias. Desempeñan a este respecto un gran papel los extractos alcohólicos de toda la planta y la adición a vinos. Hay que ser bien consciente de la toxicidad de esta especie y dosificar de modo adecuado y con precaución. Pero personalmente prevengo en contra del uso personal pues se trata de la planta más tóxica de nuestra flora. Efectos secundarios: Los envenenamientos debido al uso inadecuado del producto son afortunadamente muy raros. Tampoco los niños corren gran peligro, ya que los frutos y las otras partes de la planta resultan poco apetitosos. De todas maneras deben conocerse los síntomas de intoxicación. Se presentan con gran rapidez (incluso al cabo de unos pocos minutos) en forma de escozor en la boca y hormigueo por todo el cuerpo. Se producen al mismo tiempo accesos de sudor, seguido de escalofríos y una gran sensación de frío. Mareos, vómitos y diarrea son, junto con una intensa salivación, otro de los síntomas. Por último se necrosan los miembros, la respiración se vuelve cada vez más lenta y en el curso de 20 minutos sobreviene la muerte por colapso. Hay que seguir rápidamente las indicaciones sobre primeros auxilios y llamar de inmediato a un médico. Hasta que llegue hay que provocar vómitos en el paciente. Se le hará beber agua salada (1 ó 2 cucharadas de sal común por cada vaso de agua) y con los dedos, una cuchara o una pluma se harán cosquillas en la faringe hasta que vomite. Tras el lavado de estómago hay que administrar abundante carbón animal (20 ó 30 g en agua). ¡No debe dejarse que el paciente pierda el conocimiento!

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